domingo, 8 de enero de 2017

¿PARA QUÉ SIRVEN LAS NAVIDADES?

  Texto y fotos: Cristina M. Sacristán



Decoración navideña en Adenauer Platz (Berlín), días antes del atentado en Charlottenburg.



  En un país como Polonia, que tiene tan presente a "su" Papa, Karol Józef Wojtyła (Juan Pablo II), el catolicismo impregna la vida cotidiana y, desde luego, el fin del año. Como he ido publicando años atrás, en concreto Cracovia destaca por sus puestos callejeros y virgueros belenes, que podemos disfrutar en un singular desfile, muy colorista, o bien en las exposiciones de las obras ganadoras, en iglesias destacadas de la ciudad.

  En un lugar como Cracovia no cabe preguntarse por el sentido de la Navidad, pues sus habitantes adoran a Jesucristo y celebran su nacimiento con respeto y dulzura. Aquí no caben los excesos en las compras, y no sólo por el sentido religioso de sus fiestas, sino además porque el nivel de vida medio de los polacos todavía es más bajo que el de otros países de Europa. Por ejemplo, no es usual que una familia entera salga a comer o a cenar fuera de casa. Eso sí, en sus hogares no faltan los libros...



Desfile de belenes cracovianos, por las calles de la ciudad polaca, a primeros de diciembre.



  Cuanto más al Norte de Europa, menos referencias religiosas vemos en la decoración navideña, y más campanas rojas, renos y pequeña lucecitas que centellean por la ciudad. Este es el caso de la multicultural e intensa Berlín, capital poliédrica y creativa que concede un capítulo muy especial a los mercados navideños semanas antes de finalizar el año.

  En esas fechas, es fácil que la camarera nos sirva una generosa ración de Goulash soup o de meat balls, argumentando que "It´s Christmas time", mientras los platos de codillo más bien parecen bandejas. En los establecimientos suelen hacer pequeños obsequios, incluso en los más inesperados, y la gente celebra con ilusión el ritual de dejarle los zapatos limpios a Saint Nicholas.

  Resulta conmovedora la expresión aniñada de algunos adultos cuando hablan del periodo navideño. Es bonito que mantengan ese brillo en los ojos tan virgen aún. Así que el día en que atentaron con un camión contra el mercado de Breitscheidplatz fue de imaginar que el ataque no sólo era contra la política alemana, concentrada en Berlín, sino además contra esa primigenia ilusión, ese entusiasmo que caracteriza a la ciudadanía berlinesa por la vida.




Abetos en Charlottenburg (10 de diciembre de 2016).




  ¿Qué nos ha pasado?

  Al aterrizar en territorio español, el suave tintineo de la Navidad centroeuropea da paso a un bombardeo de anuncios televisivos de una alta agresividad.

  El choque cultural, al haber pasado un tiempo en el Norte de Europa, siempre es inevitable. Pero, en Navidad, resulta incluso chirriante. Un elenco de marcas de perfumes se pasea por tu casa subrayando que los hombres están ahí para despreciar, ser arrogantes e incluso golpear (véase el spot de Festina protagonizado por Gerard Butler). Por su parte, las mujeres son objetos de deseo entre gasas que apenas las cubren, labios entreabiertos y genitales expuestos como en una pelea de mandriles. Si él llega, les da órdenes y ellas, lánguidas, como anémicas pero con aspecto de mamíferas en celo, obedecen como si no hubiera un mañana.

  Hay algo de suicidio en esos mensajes. Ellos golpean y ellas ceden...

  Los anuncios de juguetes muestran a niños y niñas muy irritantes, caprichosos y llenos de demandas. Insaciables y difíciles de contentar.

  Los programas especiales de Navidad están llenos de derroche y mal gusto. Con viejas glorias, como Raffaella Carrà, y presentadoras semidesnudas, que no dudan en ponerse en tanga a -2º C en Nochevieja para ser trending topic en prime time.

  Ah, y hay que jugar a la lotería...

  Entonces, una se pregunta: "Si hemos perdido el sentido de la Navidad cristiana, ¿por qué le damos una envoltura católica? Y, si somos tan paganos... ¿por qué celebramos tanto la Navidad?".

  El escritor y periodista Ramón Betancor expuso este agudo post en su muro de Facebook hace unos días:

"Resulta que una paloma preña a una virgen y nace un niño. Entonces un tal Herodes se mosquea y ordena matar a todos los menores de dos años. Pero el hijo de la virgen y la paloma sobrevive y llega a cumplir los 33 antes de ser brutalmente ejecutado. Y la movida es que nosotros celebramos todo eso cada año poniéndonos hasta el culo de comida y bebida y fundiendo la tarjeta de crédito. ¿Lo he pillado?"


  Ni somos creyentes, ni somos austeros ni sabemos lo que queremos... Pero, por ejemplo en el País Vasco, hay quienes:

  - celebran el lunch de empresa
  - comen y beben en la feria de Santo Tomás del 21 de diciembre
  - juegan a la lotería del 22
  - celebran la Nochebuena
  - celebran el día 25 con una comilona (tras la cena)
  - hacen regalos el 24 (por el Olentzero o por Papá Noel)
  - celebran la Nochevieja
  - celebran con comida el día 1
  - vuelven a hacer regalos la noche del 5 de enero
  - vuelven a hacer comilona el 6 de enero
  - quedan para cenar a lo largo de las navidades con amigos
  - este año, muchos se tomaron las fiestas del 6 y el 8 de diciembre como puente e incluso 'acueducto', antes de la maratón navideña
  - etc.

  Como dice Betancor, ni estómago ni tarjeta de crédito que lo resista.




'Melt'. Pintura realizada en Finlandia por Raisa Raekallio y Misha del Val.




  La huida

  Celebrar la Navidad cobra más sentido cuando los miembros de una familia están separados geográficamente y desean reencontrarse, charlar, abrazarse... Por el contrario, hay familias que no pueden ni verse, o bien que en navidades acaban como el rosario de la aurora. En otros casos, la pérdida de uno de los miembros puede resultar un dolor insondable en estas fechas.

  Por otra parte, en una sociedad moderna, en la que hay familias monoparentales, parejas gays o lesbianas; amigos que viven juntos... la convención no parece dar mucho paso a otras fórmulas de elección de con quién queremos pasar el final del año.

  En un país con 5 millones de parados, la bacanal de gastos y compras desenfrenada e ilógica no tiene mucho sentido. En medio de ella se suelen mantener firmes l@s decrecentistas y los animalistas. Hay personas antinavideñas que optan por ponerse orejeras todo lo que pueden, y hacen su vida sin seguir a la corriente, y otras, por ejemplo, acostumbran a viajar en esas fechas.

  Hay que tener en cuenta que en unas semanas en que todos los mensajes son de "alegría, paz y amor", quienes están enferm@s, o no llegan a fin de mes, o se les ha muerto un ser querido, o se encuentran en crisis existencial... ahondan en su malestar. De hecho, el número de suicidios aumenta en las navidades.

  Si añadimos el frío asociado a la temporada, los hay que escapan directamente a destinos como Canarias, donde el sol, las palmeras, la playa y las flores autóctonas distraen de los motivos recurrentes y repetitivos de los entornos navideños.

  El Grupo Generación 2015 realizó un vídeo en noviembre en el que preguntó a 27 jóvenes de Madrid quiénes eran las personas más importantes en sus vidas, qué les iban a regalar en Navidad, qué les comprarían si les tocara la lotería y, finalmente, qué les regalarían de ser sus últimas navidades. En la última pregunta los chicos y chicas se paran en seco y, emocionados, hablan de compañía, tiempo, familia... Los objetos materiales desaparecieron del discurso.




La presentadora televisiva Cristina Pedroche se va quitando ropa cada Nochevieja, en prime time, con el frío arreciando.




Las mujeres siempre reciben

  Las mujeres que queremos alcanzar la Igualdad de Derechos en España hemos estado debatiendo estas navidades sobre el daño que nos hace perpetuar esa imagen machacona de féminas "disponibles", hipersexuadas y sumisas con los machitos que aparecen en los medios de comunicación, doblegándolas de forma indisimulada, en estas fechas.

  El caso de las presentadoras españolas dando las campanadas sin apenas ropa a menos dos grados es ya un escándalo inadmisible en una sociedad avanzada. En los países del Norte de Europa, impensable.

  Mientras los presentadores van convenientemente abrigados, y no requieren ser guapos para presentar, por ejemplo Ane Igartiburu se estaba quedando sin voz en la Puerta del Sol, pero ante todo con un vestido de pronunciado escote y sin nada que la cubriera.

  Así pues, crece nuestra preocupación por que las navidades, al menos las españolas, sirvan para enmascarar un periodo diabólico del Patriarcado capitalista, en el que se insta a diario al gasto innecesario, se instiga a los menores a desear desde niños más cosas que las que precisan para su felicidad -alejando todo asomo de solidaridad con quienes no tienen apenas nada- e incitando al maltrato y ninguneo a las mujeres como en antiguos y oscuros tiempos.

  La profesional sanitaria y escritora Carmen de la Rosa rescata un documental de Lorella Zanardo sobre la imagen de las mujeres en la televisión italiana: retocadas, sobredimensionadas, con labios y pechos de cómic, humilladas por los presentadores -que llevan la voz cantante-... y, de mayores, escondidas tras la cirugía. Negadas en su identidad. El documental expone que las mujeres tendemos a tener la imagen que los hombres proyectan en nosotras de sus deseos, no la imagen auténtica de quienes queremos ser. Nancy Huston lo explica en su libro 'Reflejos en el ojo de un hombre' (Galaxia Gutenberg).

  Si todo esto ocurre a lo largo del año, en Navidad se acentúa exponencialmente. Si a lo largo del año se azuza al público a comprar lo que no necesita realmente, en Navidad hay barra libre para el acoso mediático. Si durante once meses las presentadoras televisivas españolas tienen que pasar el casting por su belleza -ellos, no-, en Navidad casi han de desnudarse en prime time -ellos, no, e incluso pueden ser feos como un ano-.
  Y, mientras Cristina Pedroche alardeaba de "libertad" embutida en una especie de corsé de estrellas horrendo y minúsculo, se producían tres feminicidios más en España.



 Seguir o decir "Stop"

  Podía no haber hecho este post y evitarme fama de outsider, pero, ante este panorama, la pregunta del millón es: ¿Qué hacemos?
  Podemos seguir cediendo a la marea, o escapando de ella, o bien podemos empezar a puntualizar que no estamos dispuest@s a ceder ante tantos atropellos.

  Si Jesucristo nació en un humilde pesebre y vivió como un hippie, quizás es tiempo de hacerle un poco de caso. Y vivir con menos. Pero con más corazón.
  O no: ser conscientes de que estamos inmers@s en una rueda en la que nos dirigen y, de pronto, como en una borrachera, compramos y comemos todo a destajo para luego, de golpe, frenar y escuchar el silencio de enero. Sólo interrumpido por el cántico de los números rojos y los kilos de más en la báscula...
  ¿Para qué hacemos todo esto? ¿Porque queremos o para que no nos miren mal en el vecindario?
  ¿Porque nos da pereza llevar la contraria al pensamiento único?
  ¿Para dejar clara cuál es nuestra posición social? 

  Si es por los niños, con unos ratos de juegos y alguna cosa para que se entretengan, siempre tienen de sobra. Nunca fue de otra manera.
   
  Podemos hacer una media y caminar hacia unas navidades más éticas y respetuosas con el entorno. Evitando la ofensa a quienes están pasándolo mal. Limitando los mensajes publicitarios, la violencia en sus contenidos; erradicando la degradación de las presentadoras de televisión... Se puede conseguir, sin tener que cambiar de país.

  O podemos, en unos diez meses, volver a empezar con el déjà vu.




"Ahora que ya han terminado los anuncios de mujeres orgasmandeando al olor de algún macho (...) unos grandes almacenes nos dicen, de nuevo, qué tenemos que hacer. 'Quiéreteme' es un galimatías, otro imperativo y nos autoriza a querernos. Pero no antes ni después, sino ahora: cuando nos lo dicen ellos" - May Serrano, artivista





Más información: Berlín, una Navidad robada (mi análisis tras el ataque de diciembre, Grupo Noticias)
Se cierra el telón. Sobre cómo para los mandatarios conservadores la Navidad es el estado de sitio ideal (El Tintero, 2015)
Solidarios a pesar de los pesares. La cara no visible de la población con conciencia trabaja por la Igualdad de Derechos todo el año (El Tintero, 2015)
Navidad en la lírica Cracovia (Reportajes tras mi segundo recorrido por Polonia)
Berlín, vivificante y ultracreativa (mis reportajes sobre la singular capital europea)
Decrecentismo y otras formas de consumo (amplio dossier en la revista Euskal Herria)
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Sobre la ola de conservadurismo en Estados Unidos y Europa (noviembre 2016)
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'Reflejos en el ojo de un hombre', análisis de Nancy Huston
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