martes, 21 de mayo de 2013

DE OSLO A BERGEN: CULTURA, PAZ Y NATURALEZA



Arribar a Bergen tras disfrutar del Oslo de Munch y Vigeland, la exuberante naturaleza del interior -fiordos, lagos, cascadas- y las sinuosas curvas en ruta depara una experiencia de calles de cuento, un Fish Market y un Bryggen coloristas e históricos, muchos pescados exquisitos y los compases de Grieg, acompañándonos...



Texto y fotos: Cristina M. Sacristán



Una mujer noruega compra en el colorista Fish Market de Bergen, adonde suele acudir a por pescados de calidad.

  Suenan melodías de Grieg por las calles de Bergen del mismo modo que sentimos como si Smetana interpretara para nosotros al cruzar el Moldava en Praga o como si el mismo Chopin tocara el piano al recorrer la lírica Polonia. Y es que llama la atención el espíritu joven y vivo de Bergen, a pesar de ser una ciudad ancestral, y aunque en ocasiones sintamos flash-backs hacia siglos pasados. Eso ocurre, por ejemplo, en el Hotel Grand Terminus, en el que conservan intacta su decoración en madera decimonónica, las cabinas de teléfono que nos retrotraen a películas de gansters, las salas donde anduvo el explorador Amundsen y dio su última conferencia. Se dice que el espíritu del aventurero de Borge todavía vaga por los pasillos del hotel, y bien podría ser, puesto que si algo caracteriza al pueblo noruego es lo silencioso que es. Y a Amundsen no se le oye. Aunque se le percibe...

  Ya en el Fretheim de Flåm nos hablan de un fantasma femenino que no quiso renunciar a las deliciosas suites, también decimonónicas, que en el último piso ofrecen unas vistas de ensueño con el fiordo de fondo. Y el pueblo es un auténtico cuento, de casas en ese tono Burdeos tan propio de las construcciones en madera noruegas, de cuando este país estaba poblado por humildes pescadores y agricultores. No crean que hace tanto tiempo, pues fue en 1969 cuando Noruega descubrió que contaba con petróleo. Y desde entonces han avanzado extraordinariamente: pero no con avaricia, sino con sentimiento corporativista, con conciencia medioambiental, con ritmo slow pero productivamente, adquiriendo unos niveles de cultura que para la España de 2013 empiezan a resultar ciencia-ficción...

  Pero en Noruega se disfrutan, y no sólo en Oslo, donde parece que concurre todo: la historia, el Año Munch, sus cientos de maravillosas estatuas callejeras, sus museos y espectáculos, su vivo fiordo con la Opera Hall emergente, el entorno natural, verde... Lo habitual es poder leer tranquilamente en el tren, donde a veces nos pondrán la BBC o la oriunda NRK; algunas cafeterías, con sus velitas y mesas de madera, son tan tranquilas que leer en ellas evoca una biblioteca; pasear por pinacotecas como la National Gallery produce un auténtico efecto balneario... Hasta la famosa cervecería Ægir de Flam resulta relajante. Los noruegos transmiten serenidad. La de gentes acostumbradas a leer, a opinar, a debatir, a coordinarse para crecer.



Marineros cerca del Museo Marítimo, en el fiordo de Oslo.



  A Oslo volveremos pronto, puesto que fue un centro de reunión y de musas para muchos artistas, incluyendo a Grieg. En el centenario restaurante Engebret, su propietario, Kay Johnsen, nos muestra un cuadro en el que el compositor nacido en Bergen toca el piano, rodeado de Munch, Ibsen y otros intelectuales de la época. Las frases del dramaturgo noruego se esparcen bajo nuestros pies por Karl Johans Gate, hasta llegar a su casa, no muy lejos del Grand Hotel, donde se hace pública la designación del Premio Nobel de la Paz.

  Para acceder a la Región de Fiordos atravesamos kilómetros de fiordos, que se confunden con lagos, colinas y montañas, muchos pinos, arces y verdor. Antes de llegar al tenedor que conforma el Nærøyfjord, tomamos un tren, el famoso Flåmsbana, que nos llevará por túneles entre montes, acercándonos a espectaculares cascadas de agua, en un circuito de curvas aderezado por la decoración en madera del ferrocarril centenario. Hasta el revisor es como un viaje en el tiempo, con sus largos bigotes y su caballeroso "Thank you, lady".



Los gnomos dan la bienvenida en Flåm a los compradores de piel de zorro.


  Una vez en Flåm, la chaquetita de entretiempo es insuficiente. No en vano las focas y algunas pequeñas ballenas juegan, retozonas, a sus anchas, en este paraíso natural, esculpido, se diría que por Thor, durante siglos. En Flåm, y atravesando el gran fiordo, será difícil disfrutar del sol, por la gran altitud de las montañas, pero es usual contemplar esta naturaleza esencial en bici, a pie, subiendo al espectacular mirador Stegastein, dando paladas en kayak... El safari fiord es una emocionante forma de acercarnos a los rincones más bellos y a los habitantes de Nærøyfjord y Aurlansfjord. Embutidos en buzos reforzados, guantes, gorro, gafas... para sobrellevar las inclemencias del eterno invierno del fiordo más estrecho del mundo...



En lancha rápida por el Nærøyfjord, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.



    No es igual que el safari en lancha rápida, pero recorrer kilómetros de fiordos en el ferry hasta Gudvangen también impresiona, especialmente cuando pasamos cerca de montañas que alcanzan los 1.500 metros. Las colas de caballo son habituales aquí, especialmente tras el crudo invierno, en que se deshielan las cumbres... Una vez en Gudvangen, las casitas vikingas se conservan intactas. Una curiosidad recurrente en la zona son los tejados con hierba: la humedad los propicia y resultan un eficaz aislante térmico.

  El conductor del autobús hacia Voss tiene mañas de piloto de rallies, abriéndose paso entre curvas, en medio de una naturaleza verde y acuática exuberante. Cerca del destino vemos hacer rafting por los rápidos. Desde Voss a Bergen nos lleva un tren color cereza. La estación de tren de Bergen nos recibe con el encanto que distinguirá a toda la ciudad.



A punto de tomar el tren desde Voss hacia Bergen.



  En el famoso Fish Market de Bergen encontramos personas de muy diversos orígenes, pero ninguna noruega. El colorista mercado ofrece unas viandas exquisitas, y caer bien a Marco, italiano que vivió en España, o Tamara, valenciana de maleta ágil, es práctico para hacer una cata en toda regla. Para ello, es preciso pagar en coronas noruegas, aunque en este país podemos abonar hasta un sello con tarjeta de crédito. Fascinante.

  Tres cedés de Grieg en el Rocade sólo cuestan unos 16 euros al cambio. Se agradece comprobar que Noruega es una de esas evolutivas naciones donde resulta más caro beber alcohol que comprar libros o música. Así les va a ellos: bajas maternales de un año, jubilados que hablan inglés como su lengua materna, niños educadísimos... Por todo ello, el Norway in a Nutshell es un placer desde el punto de vista cultural, paisajístico y, de forma muy especial, humano.



El diseño no está reñido con el secular Bryggen.





Reportaje sobre Bergen y gastronomía noruega en ON (mayo 2013)
Ver en El Tintero, apartado Trabajos - Viajes y Políticas, mis escritos y programa de radio sobre Noruega. En Biografía, la entrevista en Telebilbao sobre Periodismo y Viajes
Reportajes sobre el Año Munch (El Tintero, Deia)
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