sábado, 25 de mayo de 2013

GONZÁLEZ DE LANGARIKA, EL BUSCADOR DE LA LUZ


  
Texto: Cristina M. Sacristán



Anticlerical, inconformista, curioso, perfeccionista... Pablo lee en el centenario Café Iruña de su Bilbao natal.



    Pablo González de Langarika mira de frente, indagador, algo brusco, directo, sincero. En ocasiones puede resultar cortante con esa actitud suya ante la vida pero, en el fondo, y como transluce en sus poemas y prosa poética, es un gran persecutor de la esperanza. La intenta atrapar con un cazamariposas invisible, reflexionando largos ratos, observando, reafirmándose en su lamento. El de alguien que preferiría creer: en Dios, en la bondad humana, en un mundo justo.


    Así que Langarika opta por escribir. Por leer mucho, y por traducir sus sueños inacabados en palabras. Que hila con maestría, con gusto -gran pasión- por los sonetos. Por ejemplo, en su último libro, Entre los pliegues de la luz, no sobra una sílaba: sus escritos son densos, contundentes, rotundos como él. Con fisuras a la ternura, con quejidos que son anhelos. Así consigue el veterano director de Zurgai llegar a nuestras cajas torácicas, removerlas, agitando sentimientos y conciencias. No es fácil quedarse indiferente ante tanta belleza y crudeza a la vez.


Por el inerte cielo raso de la nada, desde el que cuelgan los gastados corazones,
pasan los pájaros heridos que tú cantas, suenan los ágiles batidos de sus alas,
rompe un crisol su sueño de gargantas y es más presente el mar y más humano.


    Allá por 1975, miembros del grupo Aralar conformaron Poetas por su pueblo. Una hermosa metáfora que llenaba de poemas la Gran Vía bilbaína, a la vista de cualquiera. La revista mural consiguió, durante dos años, detener a alrededor de 12.000 viandantes ávidos de sueños. Y, a renglón seguido, nació Zurgai. Resistente y tenaz, Pablo ha conseguido que una nutrida revista sobre poesía, de divulgación de la poesía, haya cumplido 34 primaveras. Algo inédito en toda la península. Arte Activo publicó en 2009 una antología, Los poetas de Zurgai, en la que extractaba lo mejor de esta andadura de versos internacionales, interrelacionados, audaces, perseverantes. Hilados a golpe de filantropía...



La diputada Josune Ariztondo, entregándole la Pluma de Oro.


    Es fácil verle rodeado de Blanca Sarasua, de José Fernández de la Sota, de Ángela Mallén, de Itziar Mínguez. Admirador de Blas de Otero y nostálgico de la estela que dejó el buen Ángel Ortiz Alfau, el director de Zurgai es amigo crítico de laureados escritores como Kirmen Uribe. Porque él es exigente, empezando por sí mismo. Con cierto nihilismo inherente del que ya no parece que se vaya a zafar. Porque, como dice parafraseando a Antonio Gamoneda, "estoy condenado a una fraternidad sin esperanza".


Te buscas y te encuentras... y te pierdes en el ocaso de tus debilidades:
sol mermado que cuestiona las palabras y los gestos. Sangran de nuevo tus esperas...
ligeras levas que se adentran en el fuego.


    El discreto pero apasionado Pablo nos tiene acostumbrados a preparar revistas cuidadas, profundizando en el género poético, y libros como La memoria del aire o El grito de las aves, en los que maridan impactantes fotografías de naturaleza con textos compactos, con peso. Es cuidadoso y selectivo; amante de la letra impresa en papel, de las cosas bien hechas. De vez en cuando se refresca con sus escritores amigos de Madrid, para volver al pequeño Bilbao a verter sus dudas, sus búsquedas y sus palabras exorcizantes. Y lo logra, con esos análisis de la vida, tan metafóricos, tan reales pero a la vez dotados de alas...






    Sin duda, Zurgai es un pilar de la escritura vasca, especialmente de la poesía, pero González de Langarika es un escritor y editor inevitable y necesario, en Euskadi y en cualquier parte. Con sus aciertos y sus errores, contagia su empeño -con su cazamariposas tenue y ligero- en plasmar, en clave de belleza, las luces y sombras del mundo que habitamos. Desde los pliegues de la luz...


Miro de nuevo hacia el papel, y no sé bien qué mano es la que escribe
pero las líneas se van reproduciendo, diecisiete, dieciocho, diecinueve...
Manifiesto soledad desde hace tiempo. Llueve muy dentro de la luz
y el viento estrella el agua en los cristales.





Reportaje sobre Zurgai  (Deia, 2009)
El grito de las aves  (Deia, 2011)
La memoria del aire: Un poemario suave e introspectivo (Deia, 2010)
Poesía Viva, antología de poetas vasc@s (Deia, 2009)
Blanca Sarasua: Alegato de la autenticidad (y otros enlaces de mis trabajos sobre Poesía y Literatura)
Entrevista a Itziar Mínguez en Pérgola (marzo 2016, pág. 15)
Página Zurgai
Día de la poesía: Aún pequeña pero resistente
Web Escritores Vascos



4 comentarios:

  1. "y el viento estrella el agua en los cristales."
    Mientras mi vista se posa en el laberinto
    de los sueños, que traslucen antorchas
    pletóricas de brea, que iluminan los pasos
    uno a uno, por donde caminas, compartiendo
    la vereda pletórica de cantos agrestes.
    Molina

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  2. Una gran pérdida para la poesía. Tantos buenos recuerdos: charlas sobre las comidas en el País Vasco. Es difícil de creer. Safe journey, Pablo. Bob

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  3. Quiero pensar, Robert, que, como me dijo Sabina de la Cruz sobre Blas de Otero, "el creador no muere nunca".
    Nos ha dejado una gran obra: sus propios poemas y la trayectoria de los mejores poetas peninsulares. En un trabajo impagable. Tenemos que mantener vivos su espíritu y su obra.
    Sí, una gran pérdida, una persona grande.
    Hugs, Bob. Seguimos caminando por su senda...

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