sábado, 22 de junio de 2013

ZAGREB: LA CIUDAD EN LA CALLE



A veces muy eslava y otras, muy mediterránea. Calurosa y viva, la capital croata se estrenará el 1 de julio en la Unión Europea con luminosidad y mucho color y sabor en sus calles, mercados y plazas. Zagreb sabe encantar con sutileza y fuerza, las de unos ciudadanos luchadores y creativos



Texto y fotos: Cristina M. Sacristán



El festival callejero Cest is D´Best saca de los croatas lo mejor de su filón creativo. A todos los niveles...


  Llama la atención, antes de aterrizar en Zagreb y al salir de su aeropuerto, el verdor. No es como el irlandés -ese verde claro, producto de una lluvia fina y persistente-, pero sí es constante, y conforma una ciudad en buena comunión con la Naturaleza. A través de numerosos y frondosos árboles, hermosos parques, muchos jardines y flores, flores por doquier. Esta época, además, es perfecta para llenar de colores naturales las retinas, pues la luz es una característica de la casi mediterránea capital croata.

  Zagreb tiene la virtud de haber borrado de su faz los escasos desperfectos de la guerra de los Balcanes; no fue la localidad más castigada en Croacia, pero tampoco el sufrimiento es algo en lo que los zagrebíes les guste regodearse. Y es tiempo de terrazas, de paseos, de música y espectáculos callejeros, de tesoros patrimoniales a la vista. Es interesante cómo, por una parte, una serie de edificios y estatuas -sobre todo las ecuestres- nos retrotraen a los siglos XIX y XX, y a esa esencia austro-húngara que caracterizó a la ciudad agramita, pero todo ese clasicismo sereno es roto por grandes dosis de vanguardia, en manifestaciones de lo más variopintas.

  Coincide, además, que a nuestro paso se desarrolla el festival callejero Cest is D´Best, donde pintores, actores, payasos, músicos y artesanos despliegan toda su creatividad a través de performances, obras de teatro, pinturas improvisadas en el pavimento, juegos, conciertos, tenderetes. En realidad, el festival se confunde con unas calles y plazas suavemente bulliciosas, con personas ataviadas con trajes regionales -como las que venden los corazones típicos zagrebíes-, con músicos que armonizan a cambio de unas monedas, con jóvenes que regalan limonadas y otros productos croatas, con vendedores de fresas... La calle está muy viva, y Zagreb está en la calle...


Entre los espectáculos callejeros, un payaso juega con unos niños.


  Turistas y oriundos también se mezclan en restaurantes y bares con sus mesas al aire libre. Es un placer ver pasar la ciudad desde ellas, donde no nos apremiarán para pagar la factura. Consumición asequible que abonaremos aún en kunas, pues la Unión Monetaria tardará en llegar, si bien los euros circulan bastante y cambiarlos en las casas destinadas a ello es sencillo y gratuito.

  El diseño tiene mucho peso en la urbe zagrebí y, al igual que sus otras muestras artísticas, va desde lo férreamente eslavo o del Este hasta la imaginación más ilimitada. Además, veremos firmas internacionales muy diversas, convirtiéndose Zagreb en un espacio para lo antiguo y para lo nuevo. Para escaparates alegres y a veces juguetones... Todo ello se traslada a aspectos tan curiosos como unos bares, pubs y cafeterías con decoraciones muy originales, y unas visitas a los baños con interesantes sorpresas. Hasta el punto de que el Museo Arqueológico cuenta con unas terrazas que se mezclan con vestigios históricos. Es difícil aburrirse en esta ciudad llena de guiños y secretos...



El verdor y las sombrillas típicas de Zagreb, dos distintivos que nos acompañarán a lo largo de la estancia.



  Hay una ruta fácil de hacer y que, con un buen guía, resulta muy amena. Tiene que ver con pasos inquisitoriales, obsesionados con maltratar a mujeres con iniciativa, a las que acusaban de brujas. Partimos de la céntrica Plaza Ban Josip, donde la gente queda y tira monedas a la fuente Mandusevac para poder volver a Zagreb, y ascendemos hacia una magnífica catedral, en cuya plaza la virgen María es dorada, al igual que sus ángeles. Por allí empezamos a ver guardias a caballo, vestidos como antaño, cuando inventaron la corbata -"croata"- a fuerza de anudarse un pañuelo rojo al cuello. Entre ellos, mochileros y ciclistas, en una divertida combinación. Desde este punto nos adentramos en la Zona Alta de la ciudad, que se erigió en el monte Gradec, atravesando el colorista Mercado de Dolac, un bodegón sinfín de verduras, tomates de un rojo intenso, frutas exuberantes, artesanía... Cerca, más flores, entre terrazas. Más allá, la iglesia de San Marcos, cuyo precioso tejado conforma el escudo de Zagreb. En esa plaza, antaño quemaban a las "brujas"; hoy, pasean los turistas...


El Mercado de Dolac se llena de color, y es fácil perderse en él... literal y figuradamente.


  Desde aquí nos podemos acercar al Museo de la Ciudad de Zagreb, al de las Relaciones Rotas, al de arte naif, al histórico, donde hay una exposición de Picasso... Los puestos callejeros, con sus souvenirs de alegres colores, van recreando encantadores rincones, como ese músico que toca la guitarra española y saluda a nuestro paso. En esa zona las vistas son espléndidas, y algunas farolas de gas acentúan la sensación romántica... Una larga escalinata nos devuelve, entre graffittis, al centro del bullicio, del que mucha juventud descansa en amplios parques, como el que se sitúa entre el Pabellón de las Artes y la Estación de Tren, donde monta a caballo el primer rey croata, Kralj Tomislav.

  Hay algunas cosas que no deberían perderse en su visita a la capital croata. Por ejemplo, el Museo de las Relaciones Rotas, en la Upper Town. Este, por su originalidad, y el Mimara, por su riqueza artística. Tomen el tranvía, como un agramita más, y observen los letreros y las gentes. Este medio de transporte permite divisar algunos maravillosos edificios, tales como el del Teatro Nacional. Visiten el cementerio de Mirogoj. Coman croata: ensaladas, mlinci, pescados, carnes... con vinos con cuerpo y denso aceite de oliva. Prueben sus chocolates deliciosos, en cualquiera de sus versiones. Tomen una copa en la noche tibia, sintiendo el ambiente zagrebí. Disfruten del colorido del Mercado de Dolac. Observen los bellos rostros de los duros soldados y de muchas damas de piel clara. Escuchen los pájaros, contentos con tanto árbol. Regalen un corazón agramita, donde un espejo mostrará a su amor quién habita en su alma...


También el Museo Arqueológico combina piezas con terrazas para tomar algo...


  Y, entre lo que con casi seguridad les pasará en Zagreb, cuenten con muchos detalles. Que en el baño del hotel hallen hasta elixir bucal; en la comida o en el hall, hojas secas en un cuenco o pétalos de rosa en un recipiente con agua; que en el restaurante les traigan lo que deseen (aunque en gran cantidad), a veces con tardanza porque se afanan muchísimo, y puede que un pianista interprete para relajar la sobremesa. El chófer abrirá la puerta a las damas y la librera explicará con exactitud en qué consiste una publicación. Les hablarán en inglés con soltura, algo de italiano y algún chapurreo en español. El sol calentará en verano y la fruta tendrá color de fruta y las flores olerán a flores... Es muy fácil sentirse vivo en Zagreb, una ciudad que abre los brazos con los ojos abiertos.



Los graffittis conviven con la histórica Upper Town.


Hoy, reportaje y entrevista: Croacia entra en la Unión Europea (Deia)
Estética de las rupturas (Museo de las Relaciones Rotas)
Reportaje de autor en Gea Photowords (1 de julio) y pronto un recorrido gastronómico en Carta de las Culturas, más una galería fotográfica
Amplio reportaje sobre Zagreb en Diari Ara (2 de marzo de 2014)
Integración de Rumanía y Bulgaria  (Deia, 2007)
Programa en Otras Rutas, en Radio Euskadi (16 de julio)
Reportaje sobre los 2 años de Croacia en la UE, con entrevista a Svjetlan Berkovic (Deia, septiembre 2015)
Reportaje sobre la 'locura' de Juego de Tronos (Deia, abril 2014)
Programa sobre Croacia en Onda Vasca, viernes 28 (sobre las 17.10 hs.)


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