lunes, 11 de noviembre de 2013

LEIPZIG: LA MÚSICA TIENE ALAS



Visitar la cuna de Wagner en su Año Jubileo es un punch de relax y de energía: la música está por doquier, en forma de conciertos, museos, casas de compositores, intérpretes callejeros... No en vano Bach, Mendelssohn, Telemann, Schumann, etc. pasaron y recalaron por esta alegre y bella ciudad, produciendo obras de recuerdo imborrable



Texto y fotos: Cristina M. Sacristán



El ángel de la 'Noche' duerme plácidamente sobre el piano de la decimonónica sala de conciertos de Mendelssohnhaus.



  Abandonadas las musas graffiteras, vanguardistas y multiculturales de Berlín, un tren de la DB lleva, en algo más de una hora, mi maleta curiosa hasta Leipzig. En pleno Año Wagner, arribar a su bonita ciudad natal tiene mucho de querubines con alas, que tocan la lira en cualquier rincón. Así, por ejemplo, unos niños interpretan con sus trompetas bajo la estatua que erigieron a Bach en 1843, en Thomaskirchof, junto a la iglesia de Saint Thomas, donde Johann Sebastian fue director de coro (cantor) y estrenó muchas de las numerosas composiciones que desarrolló en Leipzig. Él, en realidad, era de Eisenach. Enfrente, su hoy Museo, antigua casa de los Bose, unos comerciantes muy amigos de los Bach. En él podremos perdernos, constatar cómo componía el genio; conocer su pluma, el rastrillo con que hacía los pentagramas, muchos de sus instrumentos, los versos de sus amigos poetas... así como escuchar las obras de gran parte de su árbol genealógico o sumergirnos en sus composiciones con ayuda de una salita habilitada para audiciones. Como buen centro alemán, el Bach Museum está muy bien organizado y es muy ameno y atractivo. Y es que el autor barroco también lo era.

  Sí que las musas musicales parecen tener alas en esta ciudad en la que el impresionante Palacio de Conciertos, Gewandhaus, se mira de frente con la Ópera, en Augustusplatz. Por allí transitan en bici o a pie, armoniosamente, viandantes tranquilos; es fin de semana y lejos quedaron los ajetreos de la gran ciudad del Muro. Además, Leipzig se caracteriza por algo bastante particular: hay alegría por las calles, en el restaurante, al acudir a un concierto. La gente es vivaracha, y en el Pentahotel nos reciben en algo así como la barra de un bar, con un letrero de neón encima. Al entrar con la maleta, la confusión es inevitable: "Somos diferentes", se encoge de hombros una recepcionista que se parece mucho a Juliette Lewis. Alrededor, la gente toma algo animadamente. En el desayuno, curiosos carteles saludan: Home is where the heart is o Don´t eat what you can´t lift. En las habitaciones, la cortina de la bañera te desea un buen día y los jabones te recuerdan que enfadarse crea arrugas...

  En este caldo de cultivo tan abierto, y lleno de acordes, los góticos son muy bien recibidos. Caminan por el centro con sus atuendos oscuros, con aspecto sonriente. Claro que los músicos callejeros sintonizan perfectamente con la urbe wagneriana, y cualquiera de ellos da lustre a plazas y vías. Sobre todo por el casco antiguo, aproximándonos a la Plaza del Mercado, lo mismo llama nuestra atención un chico que emula a los Beatles con su guitarra eléctrica que otro que interpreta con su violín. Todos los sábados por la tarde, tiene lugar en Saint Thomas el Motet o Cantata, en la que el respetable participa solemnemente, con unas voces magníficas. Bach, Biller, Beilschmidt... Sí que la música está interiorizada en Leipzig: se diría que corre por las venas...





Músicos noveles tocan bajo la estatua erigida a Bach en Thomaskirchof, frente a su Museo. Un paisaje típico en Leipzig...



  En este viaje está finalizando el Mendelssohn Festival. El último concierto es glorioso, dirigido por Paul McCreesh y con una de las orquestas y coros más valorados del mundo. Medio millón de amantes de la música, de todo el planeta, acuden cada año a este grandioso edificio, que fuera fábrica textil en el siglo XVIII. Los alemanes asisten a la Gewandhaus guapos pero sin ostentar; es lo que tienen Centroeuropa y los países nórdicos: la Cultura, tan interiorizada, es motivo de celebración, no de fotos sociales para salir en la prensa...

  Al finalizar el concierto, un oboísta muy simpático me explica algunos datos del libreto, pues está en alemán. Resulta que su apellido es Wagner, lo cual intensifica la magia y alegría que me invaden ante el concierto que redondea mi paseo por la musical Leipzig. Más tarde, de vuelta en Berlín me explican que el apellido Wagner es muy común en esta zona, no en vano el gran compositor nació en Leipzig (de Wagner y su legado abundaré más en el siguiente post de El Tintero).

  La ciudad ofrece la Ruta de las Partituras, con indicaciones metálicas por los suelos empedrados que emulan a notas musicales. Las opciones son muchas, así que intentamos acercarnos a lo más significativo. La satisfacción es muy grande en cualquiera de los casos. Por ejemplo, si visitamos la casa de fachada clásica de Robert y Clara Schumann, en Inselstrasse, donde Robert compuso mucho. Allí vivió con la pianista Clara Wieck, quien sí había nacido en Leipzig, y alentado por ella parió potentes obras como la sinfonía Primavera. Liszt diría de ambos que nunca había "conocido a una pareja más unida". Tras varios años, los Schumann se irían a Dresde, ciudad con la que Leipzig siempre ha competido, como tantas vecinas del mundo. En su morada de musas, actualmente se celebran numerosos conciertos y lecturas.


La Ruta de las Partituras tiene indicaciones por los suelos empedrados de la urbe.



  La Leipzig Notenspur (Ruta de las Partituras) está propuesta para su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. No es para menos, pues hasta el noruego Edvard Grieg estudió música aquí y tiene sus lugares claves y un memorial. Tras mi periplo por Noruega, sorprende saber que fue en Leipzig donde compuso sus primeras obras.También Goethe se impregnó de la inspiración de las musas de la ciudad, para sus poemas, y hoy cuenta con una calle en plena zona histórica. En el caso del Grassi Museum, en Johannisplatz, es un encantador y completísimo centro en el que podremos recorrer la historia a través de sus instrumentos. Así, entre las 5.000 piezas de la colección, hallamos desde el clavicordio más antiguo conocido (1543) hasta el clavicémbalo más antiguo del mundo, que se conserva como en 1726. Aquí podemos descubrir qué es un instrumento sin sonido, quién inventó el piano o en qué consiste una lira da gamba. Antes de salir, una chica toca un clave, junto con otros dos músicos. Me confirma que Bach usaba un instrumento así. Esta viajera, sin duda, es una privilegiada...

  A unos 6 minutos accedemos a Mendelssohnhaus, la morada de Felix Mendelssohn Bartholdy en Godschmidtstrasse, donde se ha parado el reloj desde el siglo XIX. Todo está intacto, e incluso la madera del suelo cruje. Se diría que Mendelssohn va a aparecer, con sus patillas y su mirada inteligente y curiosa. Y, además de sus notas, instrumentos y partituras, disfrutaremos de sus acuarelas de paisajes, llenas de luz y suave energía. Tal y como recuerda el musicólogo Asier Vallejo, la vida del autor romántico en Leipzig fue particularmente próspera, hasta el punto de que su famosa Universidad le nombró doctor honorario en 1836. Admirado por Federico el Grande y Federico Augusto II de Sajonia, consiguió dirigir el primer conservatorio de la ciudad. En la sala de conciertos de su casa aún se ofrece alguno a la antigua usanza, como en el Bach Museum. Con un poco de suerte coincidiremos con una matinée.


La base de la estatua de Mendelssohn -frente a la hornacina de Bach en un parque- está llena de figuras clásicas, de musas...



  A Mendelssohn le erigieron una estatua mirando a otra que representa a Bach, en Johanna Park. Wagner tiene sus monumentos en la ciudad y Goethe, su propia calle y una estatua. El poeta estudió en la famosa Universidad de Leipzig, que hoy cuenta con la torre más alta de la localidad. Otro personaje inseparable de esta magnética urbe es Martin Luther, quien, aun habiendo nacido en Eisleben, y después vivido en Wittenberg, se trasladaba, a menudo a pie, hasta Leipzig. Aquí fue donde su movimiento imprimió la mayoría de sus documentos, para difundirlos a posteriori.

  El tranvía número 89 se adentra en el casco antiguo. Es un símbolo de cómo Leipzig protagonizó la Revolución Pacífica, que en 2014 cumplirá 25 años. Arne, un berlinés de la zona oriental, recuerda cómo veían por televisión a los manifestantes que salieron de la famosa Iglesia de San Nikolai para sacar sus reivindicaciones a la calle. Aunque nadie pasaba hambre, el régimen de la RDA era férreo. Y la movilización se produjo, sabedora de que cámaras de todo el mundo estaban inmortalizando el momento.


Pruebas caligráficas de las partituras auténticas de Bach.




  Así, la musical Leipzig encendió la mecha del histórico momento de la caída del Muro de Berlín. En la plaza de San Nicolás, se yergue una columna con un capitel corintio de profusas hojas, similar a los que alberga el templo. Es un símbolo de cómo los que allí solían reunirse terminaron por hartarse, venciendo el miedo y sacando su reivindicación a la calle. No querían más regímenes opresores de la libertad de expresión.

  Y, en este sentido, Leipzig, City of Heroes, está llena de símbolos, pues en esa misma plaza -Nikolaikirchof- podemos comprobar cómo una fuente está a punto de desbordarse. Arne toca su superficie, gráficamente: Una sola gota de agua habría desbordado la paciencia de los ciudadanos de Leipzig, que no aguantaban más...



Órgano de Johann Sebastian Bach, en su Museo.



  Así que San Nicolás no es sólo conocida por haber sido la iglesia más relevante en la época barroca, con cuatro coros simultáneos, sino además por el signo que marcaron los disidentes que hicieron uso de ella. La Stasi tenía mucho poder controlador, y por ejemplo contaba con la planta superior del famoso Coffe Baum, el segundo café más antiguo de Europa, tras otro parisino, que hoy además ofrece un interesante Museo del Café. Las estancias son una delicia, al igual que su buena cerveza, por supuesto su café y sus brochetas de bradwursten. Desde luego, la música clásica suena de fondo... afuera, la gente charla animadamente en las terrazas, que ya en septiembre requieren de queroseno...

  Pasado y presente, pues, conviven en la histórica Leipzig. No muy lejos del Baum se encuentra la Plaza del Mercado y donde se situara la casa de Clara Weick antaño. La arquitectura es encantadora, pero el ambiente es muy actual. De hecho, Leipzig se distingue, también por sus tiendas y galerías comerciales, así como por su oferta de cafeterías, restaurantes y shows nocturnos. En esta línea, tenemos la oportunidad de acceder a su mítica Varieté, centenaria pero enhiesta, que en esta ocasión presenta el espectáculo Train. Una virguería de acrobacias y sketches llenos de chispa y un fino sentido del humor...




Sólo una gota faltaba para rebosar la paciencia de los ciudadanos de Leipzig, antes de producirse la Revolución Pacífica.




    Pero hasta el centro comercial, actualizado, tiene forma de piano. El Huefe Am Bruehl se asemeja en parte al Guggenheim Bilbao, con esa cubierta plateada. Así, el próximo año celebrarán el 150 aniversario del nacimiento de Richard Strauss, tendrá lugar el anual Bachfest (con más de 110 eventos) y, entre otras cosas celebrables, se desarrollará en verano el Luther Way in Saxony. En 2015 se conmemorará los mil años de su primera mención histórica y el Panometer permite evocar el bicentenario de la Batalla de las Naciones. En ella murió el padre de Wagner, pero del gran compositor épico comentaremos más curiosidades en unos días...



Último concierto del Mendelssohn Festival, pura felicidad en el impresionante Gewandhaus.




Para más información: Ruta de las Partituras. Tras las huellas de Wagner, Bach, Schumann...  (revista ON, 2 de noviembre de 2013. Págs. 34-39)
Sobre la alargada sombra de Wagner (El Tintero, 20 de noviembre)
Visit Leipzig
Galería fotográfica de Berlín y de Leipzig
Definiendo Berlín... y otros reportajes sobre Alemania, en El Tintero, Gea Photowords, Onda Vasca...
Entrevista a Ramon Gener en junio de 2015



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