domingo, 29 de diciembre de 2013

NAVIDAD EN LA LÍRICA CRACOVIA



Polonia cuenta con numerosos Premios Nobel, y 4 sólo en Literatura. Tras un siglo XX que casi la devastó, la nación eslava celebra actualmente su renacimiento, con la Eurocopa en 2012 y, desde hace semanas, con la designación de la UNESCO a Cracovia como Ciudad de la Literatura. Iniciamos un recorrido invernal por la hermosa ex capital polaca, que brinda hoy por su merecido reconocimiento



Texto y fotos: Cristina M. Sacristán



Desfile de los 'belenes' artesanales por la Plaza del Mercado. Son detalladas evocaciones de la arquitectura cracoviana.


  Wisława Szymborska sonríe ante la cámara, con la cabeza muy próxima a la de Jan Baran, propietario del Pod Baranem de Cracovia. La foto está colgada junto con otros detalles decorativos que navegan entre lo vintage y la vanguardia, en este restaurante donde poder degustar comida típica polaca mientras arrecia el invierno. Esa es una seña de identidad de Cracovia, donde los intelectuales siempre han gustado de charlar de sus cosas en cafeterías con velas, con muy poquita luz. La otra, lo reciclado, esas lámparas de los abuelos, y marcos de cuadros o viejas máquinas caseras... Los libros están presentes siempre, incluso en el comedor del hotel. Estamos en Polonia, patria de Chopin, Copérnico, Szymborska, Conrad, Wałesa... lirismo y cultura en estado puro. Y la sopa servida en cuencos de pan, el arenque y el pato son bienvenidos ante la nieve que ya empieza a cuajar. Diciembre va avanzando y la cerveza y el vodka son acompañantes en este viaje, como lo son el gorro, la bufanda, los guantes.

  El paseo por Cracovia pocas semanas después de ser designada Ciudad de la Literatura por la Unesco es un placer. Ya están instaladas las casetas del Mercado en la Plaza Mayor, repletas de artesanía, muñecos, velas, prendas e, irremediablemente, comida. Ante nosotros hacen asados y presentan seductores dulces polacos. El ambiente es una suave algarabía, tan propia de los países centroeuropeos. Y llegamos a tiempo de presenciar un insólito desfile de belenes, pero no del estilo al que estamos acostumbrados en el Sur de Europa, sino preciosas y coloristas réplicas de las edificaciones cracovianas. Niños y mayores presentan, bien abrigados, sus creaciones, que tienen tras de sí cientos de horas de trabajo y un gran gusto, ese que, como decimos, es una característica tan eslava.

  Un buen ejemplo del sabor de los locales cracovianos es The Piano Rouge, un restaurante con música en directo ubicado en un edificio del siglo XIII. Hay varios aún en el centro histórico, donde la citada Plaza del Mercado constituye la medieval más grande de Europa. En The Piano Rouge la luz es escasa y todo está recuperado en la decoración. Una mujer de voz cálida canta versiones anglófonas, acompañada de un pianista, desde It´s love, sweet love... hasta You gotta be. Sin embargo, hay muchos elementos perfectamente conservados del edificio original. Esto es una constante por todo el país.



Puestos navideños en la Plaza del Mercado.



  En las calles cracovianas, por las que circulan su tranvía azul y algunas calesas tiradas por caballos, es también típico que nos vendan los obwarzanki, algo así como bollos redondos que la gente come mientras camina, tal y como lo hacen los newyorkers con los perritos calientes. Las vendedoras van forradas, pues la nieve anda flirteando con las superficies. Días más tarde, en Varsovia, ya lo cubrirá casi todo...

  Aún pagamos en zlotych, ya desde el avión de la LOT, pues los sueldos medios de los polacos son todavía más bajos que, por ejemplo, los españoles. Incluso con la crisis... Los kantor que hay por doquier facilitan el cambio, en muchas ocasiones sin comisión. Ciertamente, la bajada de bandera del taxi nos costará al cambio 1,2 euros y, en total, la carrera, de 10 minutos, 3 euros (12 zlotych). Es uno de tantos ejemplos de lo asequible que es conocer los encantos de Polonia.

  Atravesamos el parque para acercarnos a la Colina de Wawel, y disfrutamos de las bonitas edificaciones que hay a nuestro paso. Entre ellas, la Universidad más antigua de Polonia, y la segunda de Europa tras la de Praga, la Jaguellónica, en la que desarrolló algunas de sus elucubraciones Nicolás Copérnico. En realidad, en este recorrido conocemos el Collegium Novum, ya del s. XIX, si bien el Maius se conserva. En él estudió el genial astrónomo, pero para ver su casa natal hay que visitar la también preciosa Torun, más al Norte del país.




Vendiendo obwarzanki en las frías calles del centro histórico.




  La bonita Colina de Wawel, donde está erigido su gran Castillo homónimo, es famosa por la leyenda del dragón que fue abatido por el zapatero humilde: éste rellenó de fósforo la piel de una oveja que el animalito comió, viéndose obligado a beber agua del Vístula a mansalva, de forma que acabó explotando. Esta historia es todo un símbolo en la ciudad universitaria y turística, y en la Lonja de Paño, en la Plaza del Mercado, encontraremos encantadores dragones de peluche para regalar a los niños.

  El Castillo cuenta con un patio renacentista reseñable, si bien su interior es sobrio y casi melancólico... Los tapices desgastados hablan de las actividades de caza de los antiguos nobles y de las invasiones tan recurrentes de Polonia, ya que se encuentra en un espacio estratégico y la conforma una gran llanura, lo que facilitó sus incursiones a suecos, austro-húngaros, rusos, nazis...

  Llaman la atención en el edificio las cortas camas, ya que en el Medievo dormían sentados, porque creían que tumbarse era sólo de difuntos. Muy propia de un museo daliniano, la Sala de las Cabezas, en la que varias réplicas de cabezas humanas parecen brotar del techo. Destacan unos retratos realizados por el propio Rubens, de gran valor. El Castillo no se vio tan afectado por la II Guerra Mundial como los de Malbork o el de Varsovia, ya que Cracovia no fue objetivo militar, como la actual capital.




Vista del Castillo de Wawel, ascendiendo por la mítica colina homónima donde, según la leyenda, fue abatido el dragón.



  Tras pasar por el Castillo de Wawel podemos conocer la Catedral de Cracovia. En ella hay enterrados varios reyes, pero una peculiaridad de la Ciudad de la Literatura es que su cripta alberga, también, a algunos intelectuales, como el poeta 'nacional', Adam Mickiewicz. De este capítulo literario les contaré muchas más curiosidades en unos días.

  Descendiendo, de nuevo, la colina, un hombre envuelto en ropajes tradicionales toca el acordeón. Está algo enfadado porque los turistas le hacen fotos sin soltar alguna moneda. El acordeonista se halla junto a una hilera de nombres que se distribuyen por el muro. Gosia, una guía local, nos cuenta que, al independizarse Polonia en el siglo XX, los cracovianos trataron de recuperar el aspecto original de esta zona, que los austriacos habían cambiado a su gusto, y al recomponer esta parte de la edificación hubo muchos donativos. Cada aportación está reconocida a través de la publicación de los nombres de los autores.

  De vuelta por la Plaza del Mercado, un hombre se sube a una caja vestido de vapuleado soldado de la Gran Guerra. Con cada propina, él empuña su arma con decisión. Corre el viento frío en la confluencia con la basílica de la Virgen María, pero una vez dentro las bocas se abren con admiración. Es un brillante ejemplo de la arquitectura gótica polaca, con un interior decorado al detalle y el retablo de Wit Swosz, la más grande talla medieval de este tipo en Europa. Con todo, y como es habitual en Polonia, el conjunto no resulta excesivo, recargado. Desde el siglo XIV, se puede oír cada hora al famoso trompetista, en el Toque Mariacki.



Impresionante interior de la basílica de la Virgen María.



  En este país tan católico, con tanto cariño a "su" Papa, Karol Wojtyła, es enfrente de la ventana desde donde saludaba al pópulo, en la calle Franciszkanska, donde se sitúa la iglesia de los Franciscanos. Gótica pero restaurada tras un incendio en 1850, alberga el belén ganador de la edición de 2010, una filigrana maravillosa, además de la réplica de mayor altura de cuantas han concurrido en el Concurso. Los belenes suelen reposar a finales de diciembre en el Museo Histórico de Cracovia.

  Una zona sorprendente en la ciudad es el antiguo barrio judío, Kazimierz. Expoliado por los nazis y medio abandonado e incluso conflictivo hasta el cambio de siglo, al rodar en él Steven Spielberg La lista de Schindler se fue revitalizando y hoy es un distrito de moda. Aunque en él el cementerio Remuh está lleno de piedras sobre las lápidas, en lugar de flores -para subrayar la dureza de lo sufrido-, actualmente la gente joven acude a su Plac Nowy (Plaza Nueva), donde degusta zapiekanka, algo así como pizza polaca, por unos 5-6 zlotych. No muy lejos está el Alchemia, un bohemio café a media luz, que fue el primero en resucitar tras el paso del rodaje por Kazimierz. Después le secundaron otros, y hoy el ambiente que se respira aquí es similar al resto del recorrido tras Szymborska y otros intelectuales.

  Al otro lado del Vístula se halla la antigua fábrica de Oskar Schindler, hoy hecha museo sobre la II contienda mundial. Por la calle Józefa accedemos a un patio antiguo en el que aún hay restos de atrezzo y fotos del 'making of' de la laureada película sobre el empresario que salvó la vida a 1.200 judíos. Incluso existen tours por los hitos más fílmicos.




Anna muestra restos del atrezzo y fotos del making of de 'La lista de Schindler'.


  También parte de la Plaza del Mercado la calle Florianska, antiguo Camino Real y por donde anduvieron el zar Alejandro I y Goethe -cuando era ministro de Minas-, tal y como lo indica una placa en el número 14. Esta vía se encuentra hoy nutrida por comercios de calidad, que invitan a las compras navideñas, estudiantes que salen a tomar algo, el desfile prenavideño... En él nos hacen regalitos a los viandantes, uno de tantos deliciosos detalles de la patria de Szymborska. Florianska Ulica también alberga el singular Museo de la Farmacia. Esta vía conecta con una preciosa torre medieval, y al atravesarla parece que pulsamos el botón de la máquina del tiempo, accediendo a una zona urbana más modernizada.


Interior, a media luz, del Alchemia, en el barrio judio que Spielberg reanimó.


  De vuelta a la plaza central, que todo lo une en Cracovia, los puestos navideños atraen a mucha gente, con sus bonitas ofertas, sobre todo artesanales. Hay quien se atreve a tomar algo en las terrazas, tan asediadas en verano en este espacio ideal para la distensión.

  Luego, a última hora, en está área podremos tomar algo a buenos precios. Es curioso comprobar cómo los oriundos disfrutan de los conciertos en directo o de la música nocturna sin el halo de discreción tan grande que los caracteriza. Hay algo tierno en la visión de las parejas coqueteando en pleno invierno... es de imaginar que tiene que ver con sus puentes de candados, de enamorados, en Gdansk, Wrocław...



Los puestos navideños dotan de color y sabor al centro histórico de la ex capital polaca. La artesanía es delicada, fina.


  Cracovia bien merece una o varias visitas. Así lo muestran las cifras, ya que es el destino de Polonia más visitado, y los números van en aumento, con 9,5 millones de turistas al año actualmente. Aparte de los edificios del siglo XIII, las sinagogas, la colina de Wawel y, por ejemplo, el Parque Planty, un cinturón verde situado donde antaño estuviera la muralla, partiendo de la ciudad hay ciertas excursiones recurrentes entre los turistas. Una de ellas, a las Minas de Sal de Wieliczka, una joya de ingeniería subterránea y Conjunto Histórico. Otra, más sobrecogedora, la del campo de exterminio de Auschwitz, a sólo 40 kilómetros de distancia.


En los Montes Tatra se puede disfrutar del esquí y de un spa entre la nieve.



  Y, a hora y pico en coche -si la ventisca lo permite-, accedemos a las pistas de esquí de los Montes Tatra, a unos 1.000 metros de altitud. Nada más alejado de cámaras de gas y otras torturas, en el Hotel Bania han dispuesto un servicio de spa muy interactivo que nos permite, entre otros placeres, nadar en agua termal caliente rodeados de nieve. Olas artificiales, chorros terapéuticos, masajes, juegos para niños... La oferta de invierno redondea la sensación amable que produce la lírica Cracovia. Historia, literatura, ambiente, belleza.


Los belenes cracovianos están pensados para el disfrute de todos los públicos.

Revisar mis reportajes y programa de radio sobre Polonia en El Tintero, apartado Trabajos - Viajes / Políticas
El martes 31, charla sobre la Polonia de la Unesco, en Onda Vasca
El domingo 5, reportaje sobre Cracovia y Polonia, tras la designación, en Diari Ara
En esos días, galería fotográfica en El Tintero
Más sobre la Plaza del Mercado de Cracovia (Vero4Travel, 2014)
Turismo de Cracovia



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